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Chris Marker, imágenes del cineasta de la verdad

Publicado en
El País, 5 Ago 2012
Chris Marker

El director francés se situó frente a los supuestos del 'cinema-verité' y frente al mito de la objetividad documental
 
El pasado 29 de julio falleció en París el cineasta francés Chris Marker, a los 91 años de edad. “Cineasta” es, sin embargo, un apelativo que se queda corto. Con él desaparece un testigo atento de los avatares del siglo, siempre cámara en mano, un viajero infatigable y un cronista combativo e irónico que acompañó las mareas políticas y sociales de su tiempo y que nunca dejó de reflexionar sobre el extraordinario poder de las imágenes; su poder de revelación y también de falsificación. Si algún cineasta ha podido considerarse libre en su oficio y autor genuino y completo ese es Chris Marker; escritor, filmaker, montador, creador de la banda sonora y hasta distribuidor a veces de sus más de cincuenta películas. Libre también porque huyó siempre de las fatuidades del artista, ocultando su rostro y su privacidad entre múltiples heterónimos.
 
Chris Marker nació en Neuilly-sur-Seine (Francia) el 29 de julio de 1921. Ejerció de crítico de cine en los primeros pasos de la legendaria revista Cahiers du Cinéma y en 1954 se convirtió en uno de los pioneros de la edición moderna al fundar y dirigir la colección Petite Planète, que revolucionaba el libro-reportaje. Debutó en el cine con Olympia 52 (1952), sobre los Juegos Olímpicos de Helsinki, al que siguió Les Statues meurent aussi (1953), obra ésta correalizada con Alain Resnais y que reflexiona sobre los efectos de la colonización en el arte africano. Sus imágenes fueron censuradas en Francia hasta 1963, pero ya la crítica había incluido a Marker, junto a Resnais, Agnès Varda, en el grupo Rive Gauche, que trataba de abrir una vía literaria y documental en el cine.
 
Con Dimanche à Pekin (1956) inició sus relatos de viajes, el aunténtico género reinventado por Marker, donde cabe destacar Description d´un combat (1960), sobre Israel y los kibutz, Cuba sí (1961), retrato del país durante los primeros años del castrismo, y, sobre todo, Lettre de Sibérie (1958), un viaje sentimental de muchos miles de kilómetros cuyo resultado no se parecía en nada a los documentales realizados por anteriores viajeros; una superposición de imágenes filmadas por él mismo, fotografías, grabados, dibujos animados y texto. André Bazin tratando de definir la originalidad de la obra acuñó el término “ensayo documentado por el filme”. “Ensayo a la vez histórico y político, aunque escrito por un poeta”. Esa voluntad ensayística está presente en toda la obra del cineasta: encontrar para cada película un dispositivo nuevo, una forma nueva.
 
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