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Escribiendo con el móvil en las salas

Publicado en
El País, 4 May 2012

La CinemaCon en Las Vegas es –por así decirlo- una reunión de propietarios de cines estadounidenses. La verdad es que allí también pueden verse distribuidores y periodistas de todo tipo y pelaje así como los inevitables ejecutivos con ganas de saber qué se dice de sus películas. En este evento pueden verse avances de lo que –teóricamente- pondrá a reventar las salas en verano de 2012 y hasta imágenes de lo más esperado de 2013.

Así, el que haya seguido el asunto de cerca se habrá podido enterar de la cantidad de periodistas y exhibidores que habrían derramado lágrimas viendo el adelanto de Vida de Pi, de Ang Lee o de las bocas abiertas que dejó el remake de Desafío total o de lo contentos que estaban algunos con el primer test de El gran Gatsby, de Baz Luhrman, en 3D. Por otro lado, Scorsese daba la bronca a los señores propietarios por usar sus proyectores a mitad de potencia y ahuyentar a los espectadores con esa (patética) práctica de rebajar el impacto lumínico para ahorrar algo de pasta, y Pixar especulaba con la posibilidad de testar un nuevo sistema de sonido Dolby (el Atmos) en una quincena de salas aprovechando el estreno de su última criatura, Brave. A ver cómo va la cosa.

Sin embargo lo más polémico del megaevento llegó por otro lado: en primer lugar Warner ofreció las primera imágenes de El hobbit a 48 fotogramas por segundo (en lugar de los 24 acostumbrados), lo que no convenció a casi nadie por diversas razones y provocó la posterior respuesta de Peter Jackson para tranquilizar al personal. Esto por sí solo ya hubiera bastado para una crónica a lo gonzo de la convención (Internet, como viene siendo costumbre, se erigió en el juzgado universal donde se dictaba sentencia sobre los malditos 48 fotogramas por segundo), si no hubiera sido porque poco después tomaba el estrado una señora llamada Amy Miles. Miles es la presidenta de una de las cadenas de cines más importantes al otro lado del Atlántico (los Regal) y su conferencia sobre la asistencia a las salas (en franca bajada) se cerró con una observación/consejo que revolucionó a los cinéfilos de toda la vida: “Hay que permitir a los jóvenes que usen el teléfono móvil durante la proyección”. Para Miles el gran problema y la causa por la que los adolescentes han dejado de ir al cine es que “allí se sienten esposados” porque no pueden usar con libertad sus dispositivos móviles.

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